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“Doctor, quiero parecerme a mi selfi”. Distorsiones de la autoimagen: cuestiones para un debate.

El uso de aplicaciones o redes sociales que a través de filtros permiten mejorar o cambiar la propia imagen puede estar condicionando la percepción entre los jóvenes que utilizan los selfis como referencia para calibrar su autoimagen (Díaz Infante, 2018). Mientras la tecnología posibilita retocar supuestos defectos en el rostro, aumenta el número de menores de 30 años que acuden a las clínicas de estética para solicitar tratamientos que asemejen sus rostros al de sus mejores versiones de selfis.

El equipo del Boston Medical Center alertó en un estudio publicado en JAMA Facial Plastic Surgery (2017) de que estas imágenes filtradas están cambiando la percepción de la belleza y pueden afectar la autoestima. Han denominado “dismorfia de Snapchat” a la creciente tendencia a querer parecerse a esos autorretratos retocados. Se presenta como una preocupación excesiva por un defecto percibido en la apariencia física y que muchas veces, incluso, es imperceptible para otros.  Este trastorno, que afecta al 2% de la población y se clasifica dentro del espectro obsesivo-compulsivo, puede hacer que los afectados recurran de forma habitual y poco saludable a medidas para ocultar sus supuestas imperfecciones, incluida la cirugía estética.

Pensar el selfi y sus derivas patológicas, nos hace recordar la obsesión de la madrastra de Blancanieves ante su espejo mágico y preguntarnos ¿por qué necesitamos ser incluso más bellos que nuestro mejor retrato? Hay quienes, como el filósofo Byung-Chul Han (2018), piensan que, hoy en día, la falta de consistencia de los sujetos se pone de manifiesto en “esta inseguridad, este miedo por sí mismo, (que) conduce a la adicción al selfie, a una marcha en vacío del yo, que nunca encuentra sosiego. En vista del vacío interior, el sujeto del selfie trata en vano de producirse a sí mismo”.

Sin embargo, tal vez algo podría estar cambiando cuando una de las más influyentes celebrities del mundo, Kim Kardashian, ha compartido esta misma semana un selfi con su rostro sin rastro de maquillaje y con marcas de psoriasis, acompañado del texto: “Si tienes psoriasis, no puedes dejar que te arruine la vida o que se lleve lo mejor de ti”.

Interrogarnos por estas cuestiones en torno al selfi, un fenómeno más complejo de lo que parece a priori, nos lleva a compartir con la comunidad académica el trabajo de indagación realizado en torno a él así como propiciar una reflexión colectiva sobre el mismo.

PALABRAS CLAVE:

Autoestima, dismorfia de Snapchat, cirugía, patologías, cosificación, empoderamiento

Firmantes

Nombre Adscripcion Procedencia
PILAR SAN PABLO MORENO Universidad de Valladolid España
MARTA PACHECO RUEDA Universidad de Valladolid España
MANUEL CANGA SOSA Universidad de Valladolid España

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